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Probióticos contra virus

No cabe duda de que el tiempo trae siempre cosas buenas a quienes saben esperar. Posiblemente los últimos meses la mayoría de nosotros hemos deseado que el tiempo traiga el fin de la pandemia. Queremos que nos traiga de nuevo esos abrazos interminables, esa libertad de que nuestros gestos como parte esencial del lenguaje corporal no se vean disminuidos por un trozo de tela (o plástico) en boca y nariz.

Desde diciembre del 2019 -y en tendencia incremental- la comunidad científica especializada en el tema tiene bajo la lupa al virus SARS-CoV-2, causante de la pandemia. Tal como lo muestra la literatura disponible en las plataformas de consulta científica, los tópicos de mayor publicación son los relacionados con el desarrollo de la vacuna y terapias con medicina alópata. También existe una parte de esta comunidad (mucho más reducida) que se enfoca a la discusión y elaboración de estrategias nutricionales y alimentarias de fuerte impacto que sean accesibles en tiempo y recursos. Una de ellas se enfoca al uso de probióticos como elemento de la fórmula que permita prevenir la infección, reducir los síntomas, disminuir el número de decesos, y aplanar la curva de COVID-19.

¿Qué son los probióticos?

Los probióticos son microorganismos vivos que al ser consumidos en cantidades suficientes brindan beneficios a la salud del hospedero (consumidor). Pueden ser bacterias o levaduras y, según la definición comúnmente aceptada, deben cumplir con tres características:

  1. estar vivos al momento del consumo,
  2. ser muchos 
  3. brindar un beneficio a la salud.

El objetivo general del consumo de probióticos es mantener el equilibrio y condiciones específicas en la microbiota del tracto gastrointestinal (eubiosis) para gozar de buena salud.

La microbiota del tracto gastrointestinal es el conjunto de bacterias (bacteriobiota- 99%), virus (virobiota), hongos y levaduras (micobiota). En estómago la concentración de microorganismos es de 100 por gramo e incrementa consistentemente en el colon, donde puede alcanzar hasta una cifra de 12 ceros de microorganismos por gramo ¡Sí, por gramo!. Este montón de pequeñísimos seres mantienen la salud del organismo mediante, entre otros, la competencia por nutrientes y espacio con microorganismos patógenos, producción de sustancias que fortalecen la mucosa intestinal, síntesis de vitaminas y aminoácidos y la regulación del sistema inmune. 

 

¿Qué hay en la microbióta intestinal?

La microbiota intestinal puede encontrarse en un estado indispuesto para realizar sus funciones (disbiosis) por diversos factores como la dieta, edad, estrés y algunas patologías. La dieta mediterránea se ha relacionado con un estado de eubiosis, mientras una dieta alta en grasas saturadas reduce la concentración de bacterias asociadas a estados metabólicos saludables. El uso constante y prolongado de antibióticos (anti=opuesto; bios= vida; tikos= relativo a) aniquila, no solo las bacterias patógenas, sino también gran parte de las buenas. 

El estudio científico de la relación entre la microbiota intestinal y los estados de salud o enfermedad ya ha generado mucha información que no se está aplicando con la suficiente potencia para considerar nuevas alternativas de prevención y tratamiento ante la pandemia actual. Ya se ha comenzado a generar un vinculo entre una microbiota en disbiosis y la predisposición para el desarrollo de un cuadro grave de COVID-19. El uso de probióticos es un potencial subvaluado por quién sabe qué intereses, pero estrategias que nos direccionen a mantener la salud intestinal son, no solo necesarias, sino inherentes en nuestra lucha contra la pandemia. 

Los estudios de probióticos y COVID-19:

Veamos algunas estadísticas. El 57.7% de las personas positivas a COVID-19 presentó alguna comorbilidad, de los cuales el 31.1% padecía hipertensión y el 21% diabetes mellitus. Pero las cifras se vuelven más sorprendentes con el enorme 84.1% de presencia de alguna comorbilidad en pacientes difuntos por COVID-19. El 35.2% de los fallecidos y fallecidas a causa del virus tenían hipertensión y el 35.2% diabetes mellitus. Estamos hablando de patologías crónicas derivadas de la obesidad y ¿adivinen quien puede ayudar a prevenir y tratar la obesidad y todas sus consecuencias? El uso de bacterias probióticas ha sido estudiado y recomendado por su impacto positivo en parámetros relacionados a la obesidad. También se ha demostrado que el restablecimiento del equilibrio de una microbiota intestinal en disbiosis por el consumo excesivo de grasa está asociado con una reducción significativa del peso corporal. Existen en el Universo de los estudios científicos muchas conclusiones que indican que el uso de probióticos es un gran aliado para complementar el tratamiento y prevención de la obesidad, hipertensión y diabetes. Hilando la información es claro que, al tratar estas patologías, consecuentemente y a largo plazo, también se podría reducir el índice de mortalidad de pacientes infectados con SARS-CoV-2 (y al mismo tiempo la mortalidad por la pandemia de la obesidad, que por cierto causa 2.8 millones de muertes al año).

En el intestino se encuentran la mayor parte de las células del sistema inmune encargadas de defendernos de antígenos como los virus. Se ha comprobado que algunos probióticos mejoran los niveles de las células encargadas de la regulación del sistema inmune, así como de aquellas involucradas en la defensa del organismo, tales como las citoquinas, células asesinas (que destruyen células infectadas), y algunos anticuerpos. Las citoquinas son moléculas con función anti o proinflamatoria cuyos niveles se encuentran equilibradas para combatir la infección. En los casos más graves de COVID-19 y con una tasa de mortalidad de hasta el 50%, se produce el síndrome de dificultad respiratoria (SDRA), causado por una tormenta desmesurada de citoquinas proinflamatorias, provocando inflamación pulmonar y complicando la entrada de oxígeno y liberación de CO2. Algunos probióticos participan en la regulación de la dinámica entre los dos tipos de citoquinas para que puedan eliminar del virus sin la inflamación exagerada y evitando, por ende, la manifestación del SDRA por COVID-19.  

Se ha comprobado que la incidencia de infecciones por rinovirus e influenza se reducen al utilizar algunas cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium administrados oralmente. Los probióticos pueden actuar desde el tracto gastrointestinal en el tracto respiratorio mediante el eje colon-pulmón. Esta vinculación está mediada, además de por las interacciones inmunes, por comunicación entre la microbiota de ambos sistemas, lo que puede tener impacto en las enfermedades respiratorias. Los metabolitos son los productos formados durante los procesos fisiológicos de las bacterias y levaduras. Los ácidos grasos de cadena corta como el ácido butírico, propiónico y acético son algunos de estos metabolitos producidos por la microbiota del colon. Estos ácidos son distribuidos desde el colon en el flujo sanguíneo y funcionan reclutando a los linfocitos (células del sistema inmune) en las zonas de infección y activándolos para atacar a los antígenos. 

A pesar de que los síntomas más comunes de COVID-19 son los relacionados con el tracto respiratorio, en estudios realizados en diferentes partes del mundo se reporta la manifestación síntomas gastrointestinales específicos (vómito, diarrea y dolor abdominal) en cifras que van desde el 11 hasta el 61.1%. El virus SARS-CoV-2 se ha encontrado en el tracto gastrointestinal y en muestras de heces del 52.4% de personas infectadas y se ha observado un estado de disbiosis en algunas de ellas. Existe evidencia de que el virus podría estarse replicando (reproduciendo) en el tracto gastrointestinal. Los virus son entes que necesitan secuestrar la maquinaria de una célula para poder replicarse y llevar al organismo a un estado de infección. La cepa Bifidobacterium animalis suministrados oral o endoscópicamente puede interferir la entrada del virus a las células e inhibir el proceso de replicación en el intestino. El coronavirus enteropatogénico transmisible de gastroenteritis (TGEV, por sus siglas en inglés) que se ha estudiado ampliamente en cerdos se ha visto inhibido ante el tratamiento con las bacterias probióticas Enterococcus faecium, Lactobacillus plantarum y Lactobacillus salivarius. 

Para cerrar con esta montaña de información, hay que considerar los efectos psicológicos de la pandemia. Sin leer ningún estudio, revisión o meta-análisis y por mera observación, me atrevo a decir que el encierro y el cambio a la “nueva normalidad” nos ha afectado más de lo que podemos imaginar. Me parece que el porcentaje (16% al 28%) de presencia de ansiedad y depresión relacionados a COVID-19 que se reporta queda muy corto. Estos trastornos psicológicos no pueden quedarse ignorados en una esquina como si fueran a desaparecer mágicamente. La neurogastroenterología estudia la relación entre el colon y el cerebro definida como el eje colon-cerebro. Esta relación está mediada por señales químicas del cuerpo entre ambos sistemas de forma bidireccional, esto quiere decir que la salud o enfermedad de uno puede afectar al otro. El 90% de la serotonina (la hormona de la felicidad) es producida en el colon. El consumo de probióticos está asociado con el incremento de serotonina, así como con un impacto positivo en el sistema nervioso central por la regulación de otros neurotransmisores relacionados con la depresión. 

Kombucha, kimchi, kéfir son los alimentos probióticos más utilizados en la gastronomía actual

En la era de la industrialización, estandarización, globalización, de la integración de la mujer al mundo laboral (¡qué tema!), de la comida rápida, de la desconexión con las producción primaria -y con la del proceso (llámese preparación, cocción, fermentación) de los alimentos-, nos hemos acostumbrado a consumir comida muerta y estéril, dejando en el olvido la bondad que la naturaleza y sus procesos nos brindan. Algunas bebidas y alimentos fermentados, por ejemplo, han demostrado contener microorganismos que cumplen con todas las características de un probiótico, aunque no todos sean reconocidos. Cabe aquí destacar que, el estudio de probióticos se ha centrado en las bacterias de unos pocos géneros, pero esto no quiere decir que otras bacterias -¡y levaduras!- no tengan el potencial, es simplemente que no se han estudiado tanto como las anteriormente mencionadas.

En conclusión, existe mucha información sobre los beneficios de los probióticos que se puede aplicar para prevenir, minimizar los síntomas, coadyuvar al tratamiento y aplanar la curva de COVID-19. Hay también mucha información para la generación de nuevas hipótesis, para la inclusión de nuevas cepas en el estudio de los probióticos, para inspirar investigaciones más profundas y para tomar más seriamente los resultados de los estudios ya realizados. Como sociedad y como familia tenemos que crear conciencia sobre la importancia de una buena alimentación, incluir probióticos, prebióticos (fibra), variedad de frutas y verduras, disminuir el consumo de grasas trans y saturadas, azúcar y carnes rojas. Estamos ante una crisis que, si sabemos aprender la lección, puede llevarnos a una mejor calidad de vida.

P.D: A continuación tenéis una imagen de nuestra kombucha en 40x aumentos!

By Mónica Guzmán

Referencias consultadas

Antunes et al., 2020. Potential contribution of beneficial microbes to face the COVID-19 pandemic. https://doi.org/10.1016/j.foodres.2020.109577

Bajgain, K. et al., 2020. Prevalence of comorbidities among individuals with COVID-19: A rapid review of current literature. https://doi.org/10.1016/j.ajic.2020.06.213

Baud, D et al., 2020. Using probiotics to flatten the curve of coronavirus disease COVID-19 pandemic.
https://doi.org/10.3389/fpubh.2020.00186

Chai, W., et al., 2012. Antiviral effects of a probiotic Enterococcus faecium strain against transmissible gastroenteritis coronavirus.  https://link.springer.com/content/pdf/10.1007/s00705-012-1543-0.pdf

Enaud, 2020. The Gut-Lung Axis in Health and Respiratory Diseases: A Place for Inter-Organ and Inter-Kingdom Crosstalks. https://doi.org/10.3389/fcimb.2020.00009

Pan, L., et al., 2020. Clinical characteristics of COVID-19 patients with digestive symptoms in Hubei, Chine: A descriptive, cross-sectional, multicenter study. https://doi.org/10.14309/ajg.0000000000000620

Prados, A., et al., 2015. El papel de los probióticos en el manejo de la obesidad. http://www.aulamedica.es/nh/pdf/8702.pdf

Singh, R et al., 2017. Influence of diet on the gut microbiome and implicartions for human health.
https://link.springer.com/article/10.1186/s12967-017-1175-y

OMS, 2017, 10 datos sobre la obesidad. https://www.who.int/features/factfiles/obesity/es/

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